Por Hernán Carbonel
Para LA GACETA - SALTO
Sabemos que los tres libros fundacionales de la literatura argentina (El matadero, de Esteban Echeverría, Facundo, de Sarmiento, y Martín Fierro, de José Hernández) están atravesados por la violencia. En El matadero, la escena final de la vejación; en el Facundo, ya desde el planteo de su título, civilización y (o) barbarie; en el Martín Fierro, las duras peripecias que le toca vivir al protagonista tierra adentro, impulsadas por el Estado mismo, ya sea en la figura de la policía o del juez. La génesis de esos libros es política. Unitarios y federales, quién entra y quién queda afuera de un modelo, las vicisitudes de la campaña frente a la comodidad de la ciudad puerto.
Podríamos citar muchísimos libros y autores que han vuelto sobre el poema hernandiano para profundizar en su análisis y su crítica: Los cuatro tomos de Muerte y transfiguración de Martín Fierro, de Martínez Estrada, Cien años de crítica, de José Isaacson, Ezequiel Adamovsky en El gaucho indómito, los grandes ensayos de Josefina Ludmer y Noe Jitrik, Ricardo Rojas y Adolfo Prieto, entre tantísimos otros.
Y están también sus reversiones más acá en el tiempo. El guacho Martín Fierro, de Oscar Fariña, traído a estos años y ambientado en el conurbano, que comienza: “Acá me pongo a cantar / al compás de la villera, / que el guacho que lo desvela / una pena estrordinaria, / cual camuca solitaria / con la kumbia se consuela”. El experimental Martín Fierro ordenado alfabéticamente, de Pablo Katchadjian. O el más reciente La verdadera vida de José Hernández (contada por Martín Fierro), de Martín Caparrós, escrito, también, en verso, donde el personaje le habla al autor.
El anti-Facundo
Dice José Pablo Feinmann en Filosofía y nación que, si bien se le reconoce al poema su parte estrictamente literaria, éste no debe aislarse de su contexto social, y plantea que Martín Fierro es el anti-Facundo, ya que contrariamente a Sarmiento, trata con aprecio al gaucho y, por eso, representa una opción política opuesta a la sarmientina. “Hernández va a sostener una concepción militante de la literatura” al contar la realidad del gaucho, “su miserable situación, su orfandad, su falta de derechos”; sus versos “constituyen verdaderamente una denuncia a la política de Buenos Aires”, dice Feinmann. Y cita a José Hernández en una carta desde Montevideo: “ese gaucho debe ser ciudadano y no paria”, “debe tener deberes y también derechos”.
Es Leopoldo Lugones quien, en su libro El payador, de 1916, define e instala al libro de José Hernández como nuestro poema nacional, realzando la imagen del gaucho y redefiniéndolo como un poema épico. Borges, lugoniano, lo apoya en su pasión por la literatura épica, el culto al coraje, al escribir, amén de varios ensayos, prólogos y artículos, dos cuentos paradigmáticos: “El fin” (en Ficciones), donde Fierro muere a manos del negro en la pulpería de Recabarren, y “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” (en El Aleph), donde construye una biografía ficcional del personaje de Hernández.
Pero Borges va a disentir en otro punto. Tanto en el prólogo a El matrero como en la posdata agregada en 1974 al prólogo de Recuerdos de provincia, dice que “nuestra historia sería otra, y sería mejor, si hubiéramos elegido, a partir de este siglo, el Facundo y no el Martín Fierro”. Idea que repite en el prólogo a Facundo, del mismo año, y en Posdata de 1974 a los tres prólogos del Martín Fierro: “El Martín Fierro es un libro muy bien escrito y mal leído (...) Ahora padecemos las consecuencias”.
Para esto, Carlos Gamerro, en su libro Facundo o Martín Fierro, tiene un porqué. Gamerro dice que Borges establece un lazo histórico entre el gauchaje y el regreso del peronismo, el surgimiento de las organizaciones armadas, e identifica a Montoneros con los gauchos alzados. Borges, entonces, se desdice, se arrepiente de aquel culto al coraje que supo esgrimir.
Por eso, Facundo y Martín Fierro no sólo son dos obras capitales, fundacionales de la literatura argentina, dos grandes obras por sí mismas, sino que representan y proponen, desde la literatura, posturas políticas enfrentadas ideológicamente, dos modelos opuestos de país.
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Hernán Carbonel – Periodista, crítico y escritor.